05 septiembre 2013

Otro tipo de fortificación


Sigo con la serie de artículos de viajar con una mirada rolera, en este caso toca descubrir un templo fortificado.

El territorio del antiguo Condado de Aragón (que más tarde se convirtió en reino) me resulta muy agradable de visitar por la combinación de belleza natural, historia interesante y curiosas costumbres, entre otros muchos encantos. Dentro de este territorio, se encuentra el pueblo de Ansó, protegido por el río Veral a un lado y el barranco Arrigo (un torrente) en otro y elevado sobre una loma de laderas casi verticales a modo de muralla natural se alza sobre el valle coronado por una poderosa iglesia gótica, como podéis apreciar en las fotos que acompañan el post. Lo curioso de este pubelo es que está fortificado, pero no de la forma en que solemos imaginar las fortificaciones tradicionales: castillos o murallas.




El pueblo, fundado como enclave de defensa fronteriza por delimitar con el reino de Navarra y el Vizcondado de Bearne, destaca por su peculiar tipo de fortificación. Estrictamente hablando no posee más que un solo edificio militar que facilitara la defensa ante incursiones enemigas de sus vecinos (los cuales eran cristianos también), este edificio no es más que un pequeño torreón.


La historia del pueblo nos indica que el pueblo no pertenecía a ningún señor feudal, si no que era regido por un consejo de nobles (hidalgos o infanzones). Supongo que la ausencia de un Señor implicaba desavenencias a la hora de construir caras y infraestructuras defensivas, y estas se suplieron mediante la construcción civil: un conjunto de casas construidas sin espacios entre ellas en lo alto de la loma.

Vista externa del torreón y las casas unidas sobre una pared casi vertical

Además de las construcciones civiles con un marcado caracter defensivo podemos encontrar una construcción religiosa: la iglesia parroquial de San Pedro, la cual presenta unos elementos arquitectónicos más pensados para proteger a los hombres que para honrar a Dios. En concreto muros gruesos, un amplio campanario, aspilleras e incluso un matacán. La iglesia fue construida en el siglo XVI (en inicios de la edad moderna) el maestro Esteban de Olariaga y Ochea y Bartolomé de Hemosa y desde entonces se convierte en el edificio más preparado militarmente para la defensa de la villa.

Matacán situado sobre la entrada más accesible en caso de asalto

Si bien la construcción civil era algo individual, la religiosa era algo colectivo, y en muchas poblaciones era el propio pueblo el que construía su templo, no la iglesia. En el caso de Ansó, tras un asalto exitoso al pueblo y la destrucción de su iglesia románica, los ansotanos construyeron un templo con criterios pragmáticos, que igual sirviera para adorar a Dios como para proteger a los hombres que allí vivían, y por los detalles de arquitectura medieval del pueblo (y la destrucción de la iglesia anterior) podemos deducir que los cristianos una vez en guerra no le daban demasiada importancia a eso de "acogerse a sagrado" (que por otra parte solo era válido para refugiarse de la ley, no de la guerra)

Aspilleras frontales en un campanario con mucho de torre

En los templos, como construcción comunal del pueblo, todo el mundo participaba en su construcción, ya fuera aportando fondos, o trabajando voluntariamente. Pero sobretodo, al ser una construcción comunal no se ponía al servicio de un solo señor que pudiera utilizar el edificio para consolidar su poder. Pero además, al ser edificios construidos para perdurar, es decir con piedra, solían ser utilizados como refugio de la población civil ante tropas enemigas.

Aspilleras laterales, cubriendo todos los ángulos de defensa

Como todo edificio, se construye siguiendo las costumbres culturales y religiosas de los habitantes, en el caso de Ansó, el matacán se hace necesario para proteger el punto defensivo más débil: una puerta lateral para que entraran los agotes residentes en el valle, y así estos no se mezclaran con el resto de la población.

Puerta lateral para agotes. Situada justo debajo del matacán
En definitiva, un pueblo fortificado por los mismos habitantes, evitando costear los caros y extensamente dilatados en el tiempo trabajos de las construcciones defensivas tradicionales.

El pueblo constituye un ejemplo para dar variedad a fortificaciones planteadas en localizaciones dentro de una partida de rol y puede ofrecer unas interesantes variantes a la hora de jugar una partida de infiltración, o asedio a una plaza, con curiosas situaciones e incluso dilemas morales: Convivir con una familia durante una defensa o encontrarse con una al superar la primera defensa, tener que entrar por la fuerza en el interior de un templo del dios en el que un PJ cree fervorosamente o al revés, defenderse en un templo de un dios en el que el PJ considera falso, etc.   ¿Se os ocurren más situaciones interesante?

Como siempre, tampoco nos debería ser difícil hacer una analogía en otro tipo de ambientaciones que no medievales. ¿Como se fortificarían en la frontera del espacio exterior una colonia realmente alejada del núcleo de un imperio galáctico? ¿De que manera podemos aprovechar un pueblo así en medio de un apocalipsis zombie? etc.