30 enero 2013

¿Puntos por interpretar? Pero entonces... ¿a que hemos venido?



Este mes el tema de Carrusel Bloguero de Juegos de Rol es Sistemas de Mejora de Pjs, y su anfitrión es EbaN de Pedralbes.

De nuevo toca un tema que he tratado anteriormente, desde una perspectiva crítica, como reflexión sobre los distintos ritmos de aprendizaje, la influencia del master a la hora de que los jugadores utilicen la experiencia para subir unas u otras habilidades  y otra sobre reglas de la casa.  En esta ocasión, me gustaría reflexionar de nuevo en voz alta no tanto sobre cómo se mejora el personaje, si no sobre un criterio bastante aceptado a la hora de otorgar experiencia.


A la hora de repartir experiencia hay muchos sistemas que valoran más o menos aspectos del juego, o acciones de los personajes para recompensarlos con puntos que servirán para mejorar el personaje. Aparte de ellos en cada mesa de juego nos encontraremos diferentes reglas de la casa con las que podemos estar de acuerdo, o no. Un ejemplo sería la asistencia. Evidentemente que estas reglas de la casa están contextualizadas en cada mesa de juego y tienen su razón de existencia. Puedo entender que en una mesa inestable, se quiera recompensar a aquellos jugadores que muestran una asistencia regular, ya que su ausencia perjudica a todos (y en algunos casos es incluso una falta de respeto hacia la propia mesa). Pero hay un concepto que cada vez, y va en línea de la reflexión crítica  sobre la necesariedad de la experiencia que escribí hace poco, que está considerado de manera habitual y que últimamente cuando pienso en ello me chirría cada vez más, y es el dar puntos por buena interpretación. De nuevo puedo entenderlo en mesas primerizas, pero en cuanto una mesa de juego está compuesta por jugadores maduros lo veo innecesario.

Sinceramente, cuanto más juego a rol, menos me importa la experiencia, mi atención se basa cada vez más en la narración y mis esfuerzos se encaminan cada vez más en fomentar un clima en la mesa de juego que potencie esta, que los jugadores, cedan el protagonismo de sus personajes para centrarse en lo realmente importante, la historia que están construyendo, y eso implica aparcar el egocentrismo, y centrarse en trabajar conjuntamente. En ese clima de juego, los sistemas de experiencia sencillos (puntos por sesión, o final de campaña) y  fáciles de gestionar se me antojan como los más apropiados, ya que dejan atrás conceptos discutidos y discutibles sobre por qué se da o no se da experiencia. 


En ese mismo contexto el dar puntos de experiencia por interpretar se me antoja cada vez más ridículo, es decir, los que nos hemos reunido estamos allí porque nos gusta interpretar, más allá de matar bichos u otros conceptos que dan puntos de experiencia. Y como nos gusta interpretar, y nos hemos reunido para ello, en ese contexto no veo la necesariedad de premiar una buena interpretación. Si un jugador no interpreta en realidad lo que está haciendo es castigarse a sí mismo, a su personaje, a la narración y a sus propios compañeros. Una buena interpretación es un autopremio, pero dejar de interpretar bien es un autocastigo, y en consecuencia todos mis jugadores se esfuerzan en interpretar, algunos con más éxito que otros, claro, como en todas las mesas de juego. 

Todo ello va un poco en la línea de los defectos de personaje, es decir, perjudican a un personaje funcionalmente, pero le aportan profundidad e interés, favorecen la narración y por eso el concepto se ha consolidado en los juegos de rol. 

La buena interpretación en un grupo maduro es algo que se supone, y se exige y autoexige, y por tanto premiar a alguien por hacer lo que se supone que debe hacer pierde su significado. Claro que si el grupo es un nido de munchkins, pues entonces si tiene sentido...