04 octubre 2014

Rol y educación: experiencias 1


He pensado en ir explicando diferentes experiencias que he tenido utilizando el rol como herramienta educativa. Como muchos sabéis ejerzo de educador social en un centro de protección de menores y he montado una mesa de juego en el trabajo, con chavales de 11 a 16 años. Aunque mis chavales son característicos creo que la mayoría de experiencias serán extrapolables a otros entornos, como el familiar,

La anécdota de hoy hace referencia a la resolución de conflictos, la empatía y el compromiso.


Desde que empecé a jugar a rol con los chavales, más de uno se ha querido animar a dirigir. Participar en una partida de rol ya tiene componentes que un educador avispado puede utilizar a su favor, pero la dirección tiene extras añadidos, por lo que animo a los chavales a que dirijan. He tenido la suerte además de que la buena gente de +Edge Entertainment (si, esa malvada editorial rolera :P), conocedora de mi trabajo, colabore conmigo y haya donado a los chavales de mi trabajo una caja básica del juego de rol Star Wars: Al filo del Imperio

Tengo que decir que personalmente considero que esa caja básica es un material excelentemente diseñado para que alguien novato empiece a dirigir. Explica las escenas de una aventura, añade las reglas al lado, proporciona mucho material adicional visual como mapas y tokens que le da un aspecto visual excelente que aumenta la motivación. Además las fichas de los personajes cuentan con extractos de las reglas, ideales para que el jugador novato en el juego pueda jugar de manera muy intuitiva. Aquí podéis verlo: 
Empecé haciendo que los chavales vieran la trilogía original de Star Wars para motivarlos para el juego. Y lo conseguí, claro, una vez vistas las pelis ya todos querían jugar a Star Wars y no a otra cosa... El caso es que empezamos a jugar, leyendo a los demás el historial de los personajes. La cosa se puso un poco aburrida y lenta, pero me sirvió para que los chavales practicaran la lectura en voz alta, ellos querían saltárselo, pero no les dejé. Una vez hecho esto empezamos a jugar.

El director de juego se leyó la caja hace unos meses y tenía una idea de que iba la partida, pero, aunque le avisé que se tenía que releer la partida y prepararse no me hizo caso. El tema es que empezó la partida de manera torpe y lenta, pero él mismo se dio cuenta y posteriormente hablando entre él y yo se comprometió a estar más preparado para la próxima sesión. Le hablé además del compromiso que él asumió con todos nosotros y que nosotros confiábamos en él para ello. Ahora puedo hacer un seguimiento de ese compromiso, trabajar la constancia y espero que vea que el trabajo bien hecho proporciona mejores satisfacciones. 

El otro episodio interesante educativamente fue cuando uno de los chavales, con muchos problemas de impulsividad, tomó una decisión unilateral excesiva. Esa decisión además era impropia de su personaje, un wookie que dice la ficha pregenerada que es juicioso. Otro acierto, creo, del diseño de la caja básica. La decisión además perjudicaba a todo el grupo y aunque se lo comentaron el resto, el chaval los ignoró e hizo lo que le daba la gana, obviando el cooperativismo necesario en un grupo en un juego de rol. Cabe decir que no es la primera vez y el chaval distorsiona el juego habitualmente.

Ante esta situación, otro de los chavales se plantó, y comentó abiertamente que a él le gusta jugar y se lo pasa bien, pero que este comportamiento le quita las ganas de seguir jugando. Puede no parecer gran cosa, pero que un chaval de 14 años exprese algo así no es habitual, y no lo he visto en otras actividades. En ese momento consideré de que como educador debía parar la partida y hacer que la mesa de juego se autogestionara. Expliqué alguna experiencia personal, y les insté a que se expresaran con calma todos, y una vez salió todo tratamos de buscar una solución. 

El chaval disfuncional, lo asumió, y propuso quedarse sin jugar dos asaltos/turnos/etc. Evidentemente es una solución irreal, infantil e inútil, pero lo importante es que asumía su error y mostraba propósito de enmienda. Lo malo es que lo hacía planteando un castigo (castigo negativo), un método fácil, pero no efectivo. Ante su falta de imaginación (o experiencia) para solucionar el conflicto volví a dirigir la situación. Planteé la situación que resultaba molesta para los demás y le ofrecí al chaval que nosotros le avisaríamos si empezaba a realizarla de nuevo, y que si él se comprometía a evitarlas cuando nosotros se lo señaláramos. De esta manera comprometía al chaval y al resto del grupo a trabajar conjuntamente los problemas de impulsividad del jugador problemático. A todos les pareció correcto y ahora tocará llevarlo a cabo. 

Posteriormente, ya solo con el chaval impulsivo, comenté la situación: como se sentía él, como creía que se sentía el resto (ayudándole a desarrollar empatía) y si esa situación la había vivido en otros momentos y en otras actividades. El chaval me respondió y comentó que lo ha vivido antes y me explicó las consecuencias (nadie quería jugar con él). Le pregunté como se sentía al respecto, y me contestó que solo. Le dí mi apoyo y mi compromiso de ayudarle para que corrigiera esa actitud y evitara las consecuencias que vendrían de no corregir su actitud. Además le hice una analogía con otras situaciones similares en su vida que le provocan consecuencias negativas debido a que no reflexiona antes de actuar. 

Ahora tocará ver como evoluciona la situación. Pero como educador me siento muy satisfecho, ya que si bien la sesión de juego no fue memorable, la situación educativa si que fue muy productiva. 


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