17 agosto 2014

Mis ideas surgidas en las TDN 3: Crítica y crowdfunding


Y aquí se acaban mis reflexiones desarrolladas a lo largo de las Jornadas Tierra de Nadie (TDN) que empecé aquí, y continué aquí. Espero que os hayan gustado.  


EL CROWDFUNDING:


Es evidente que el crowfunding ha supuesto una verdadera revolución en el panorama rolero (y muchos otros) y es una herramienta con magníficas posibilidades. Casi todo el mundo tiene simpatía por ella y bueno… saber que los bancos no se llevan el beneficio de la financiación es un añadido extra para lograr simpatías. 

Para el consumidor parece que todo son ventajas, un producto que podría no salir se consigue, en ocasiones con mejores condiciones que las que te vas a poder encontrar en la tienda una vez acabado el crowdfunding. Para los autores también tiene su atractivo. Permite que autores noveles consigan publicar su obra y en ocasiones en mejores condiciones de lo que habían previsto. Constituye, por sí mismo, en una magnífica campaña de publicidad en que los propios mecenas van a ejercer de agentes publicitarios para conseguir fundarlo o conseguir una recompensa superior, etc. Maravilloso ¿no? O no tanto.


Lo cierto es que es una herramienta tan novedosa que no creo que hayamos visto aún las consecuencias que acarreará en el futuro y aún falta recorrido para que podamos juzgarla correctamente supongo. Tenemos que ver cómo afectará el día que un crowdfunding pinche y alguien se largue con la pasta, o cosas incluso peores. Y también, pese a sus magníficas posibilidades debemos sopesar otros aspectos. 

Uno de ellos es el de las comisiones. Hablo sin saber exactamente las cifras pero supongo que servirá para hacernos una idea. Si bien las plataformas normalmente se quedan un 5% de las donaciones, algo que parece más bajo que la comisión que se llevaría un banco, la comisión si se ha pagado vía Paypal, los impuestos etc. quizás no ofrezcan un porcentaje tan interesante como creemos muchos, o al menos una cifra clara con la que trabajar y poder planificar mejor la realización del proyecto.

Diseñar una buena campaña de crowfunding no creo que sea algo fácil de hacer. A mí personalmente se me antoja algo, como mínimo aburrido, cuando no complejo y que puede tirar atrás a mucha gente que disfruta creando. Y ese alguien quizás es capaz de crear algo magnífico, pero simplemente no tiene ningunas ganas ni necesidad de meterse en algo así. ¿No podría llegar a hacer que a alguien le tirara para atrás? Probablemente sí.

Otro aspecto, que me interesa mucho más es que como consumidor de un producto ¿Qué me interesa más? ¿Qué un creador gaste su tiempo planificando y llevando a cabo una campaña de crowdfunding o que esté dedicando su tiempo a crear? Yo lo tengo claro, prefiero que creen. 

¿Cómo afecta al minorista (las tiendas)? De esto se habló mucho (quizás demasiado) en la charla de las TDN, y quedó evidenciado que se debe tratar de encontrar una vía que permita a las tiendas integrarse más cómodamente en la herramienta. No se debe olvidar que ellas, junto a las asociaciones, forman parte del tejido social que contribuye a que el rol sea accesible a gente que no ha probado nunca el juego. Y que su desaparición no puede beneficiar en absoluto al panorama rolero.

Y un último aspecto. ¿Hasta que punto la sobre abundancia de crowdfundings van a distorsionar la percepción de los precios? Es evidente que comprar en un crowdfunding con múltiples recompensas resulta una inmejorable para el mecenas. Pero acostumbrados a todas esas recompensas ¿Como reaccionaremos cuando veamos un manual editado sin crowdfunding al mismo precio sin ninguna recompensa? ¿Nos parecerá caro? ¿Exigiremos más a menor precio?

Como podéis ver, no es oro todo lo que reluce. 




RESPONSABILIDAD CRÍTICA:


Finalmente, otra de las ideas que me llevé a casa fue sobre la responsabilidad de la crítica. Tengo que reconocer que puedo opinar cómodamente en este caso ya que como no hago reseñas (bueno, habitualmente, alguna sí que he hecho) me puedo permitir el lujo de opinar sobre el tema sin tener que mirarme a mí mismo. Pero si observo desde mi comodidad (y mi minúscula parcela por donde me muevo en internet) algunos aspectos que me parecen tendencias. 

La primera cosa es que me da la impresión que se tiende a criticar inmisericordemente a aquel que asoma la cabeza y también al grande. En el primer caso, porque se puede y el último por nuestra propia naturaleza, siempre tendemos a considerar algo grande como algo antipático, cuando no malvado. Nos pasa en futbol, conflictos bélicos y como no, en rol. 

El grande, las grandes editoriales, probablemente se vean menos afectadas por ello, aunque seguramente también. Pero bueno, como son grandes y el rol es superventas, como todo el mundo sabe, deben nadar en billetes de 500 euros. Pero al pequeño editor, o creador que asoma la cabeza, a ese, sí que se le puede criticar y “rajar” de él sin misericordia. Y a ese, se le puede hundir. 

Con esto no quiero decir que no deba existir crítica, claro que no, es totalmente necesaria. Pero si entendemos la crítica como una opinión con el objetivo de mejorar las cosas, se debe ser muy responsable. Hay que valorar cómo hacerla, a quien hacerla y en estar totalmente seguros de que lo que estamos diciendo es cierto y no una impresión. Y eso implica contrastar nuestra opinión, jugar bastante a un juego antes de criticar un sistema, trasladar nuestra crítica al creador para que pueda orientarnos en el caso de que nosotros mismos hayamos comprendido mal alguna mecánica y recordar que tras un juego o una editorial hay personas y tratarlas con respeto. 

Creo que se deberían evitar críticas categóricas como que un sistema no funciona (“este juego está roto”) sin, al menos, antes dialogar con su creador. O criticar el precio de un producto sin tener una ligera idea de los costes editoriales. Como por ejemplo si el autor está cobrando todas y cada una de las horas que ha dedicado a crear su juego. (Si fuera así muchos juegos de rol valdrían más de 500 euros, por decir una cifra al azar) 

Y sobre todo tratar de ser justos. En nuestro panorama abundan críticas públicas hacia ciertos productos y en cambio existe un clamoroso silencio hacia otros, no sé porque razones, pero (y de nuevo enlazo con el primer post de la serie) en algunos casos hemos podido empatizar con ellos gracias a su uso del social media. Pero una cosa tengo clara, las críticas son opiniones, y estoy seguro que cualquier crítica comentada con educación al autor/editorial será respondida y se podrá contrastar y ayudaría a tener una opinión más correcta y publicable. 



EXTRA BONUS:


Si bien no se habló de ello en las TDN, en el largo viaje de regreso (seis horas, todas ellas con mi acreditación al cuello) una idea se asomó por mi cabeza. ¿Por qué siempre hablamos de que entre más gente en nuestra afición y nunca de que podemos hacer para que la gente no la abandone? Interesante pregunta.

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