24 agosto 2011

Escenario: Castillos ofensivos

Castillo de Loarre


Cuando pensamos en un castillo medieval normalmente pensamos en una construcción pensada con finalidad defensiva, es decir para defender un lugar estratégico, o un lugar donde el Señor de algún lugar reside y protege a los habitantes de sus tierras.
Supongo que la mayoría de castillos se ajustarían a esa descripción, pero como en muchas otras cosas la historia nos depara sorpresas que resultan de lo más interesantes, sobretodo para roleros.

La reconquista aragonesa resulta de lo más inspiradora para mí, y la zona del Alto Aragón de Huesca hasta el Pirineo además de una belleza natural increíble encontramos también magníficas construcciones medievales e historias de lo más interesantes. Dos de ellas son los castillos de Loarre y Montearagón.


Castillo de Montearagón


El castillo de Loarre, es ampliamente conocido, sobretodo desde que Ridley Scott lo eligiera como escenario para algunas escenas para su película “El reino de los cielos” (la cual os recomiendo encarecidamente que visionéis en su versión extendida, que gana mucho). El castillo enclavado en la ladera de la Sierra de Guara resulta impresionante.

Castillo de Loarre en el film "El reino de los cielos"

Montearagón sin embargo, no es tan conocido, pero tiene una planta magnífica: elevado en un promontorio cercano a Huesca dominando la planicie conocida como Hoya de Huesca.

Castillo de Montearagón con la Sierra de Guara al fondo

Ambos al verlos me resultaron algo extraños, ya que ni uno ni otro protegían ningún lugar excesivamente estratégico y al visitarlos lo entendí y me llamó poderosamente la atención su función primigenia.

Los dos castillos se crearon, no como defensa de un paso o señorío, sino como  una base desde donde atacar una plaza, es decir, su finalidad principal nunca fue la defensa si no el ataque. Ambos castillos se construyeron cerca de una plaza de la Taifa de Zaragoza que el pequeño Reino de Aragón de entonces quería conquistar. Sirviendo como base de operaciones para inspeccionar las defensas enemigas, cortar suministros, incomunicar la ciudad con sus aliados, evitar que el pueblo trabajara las tierras y participar en pequeñas escaramuzas que debilitar las fuerzas de la ciudad, e incluso atacar a fuerzas de refuerzo además claro está de servir de protección de los guerreros que realizaban esas actividades para ir debilitando poco a poco la ciudad a conquistar y así esperar que esta cayera como fruta madura. Loarre en concreto se construyó para conquistar Bolea, y Montearagón para conquistar Huesca. Estas tácticas funcionaron también gracias a la crisis del Califato de Córdoba,  intrigas políticas y tratos con los diferentes reinos de cristianos y Taifas musulmanes de la época, simplificándolo excesivamente. Cabe recordar que en el siglo X y principios del XI conquistar una ciudad podía ser cosa de años y no de días como nos hacen creer las películas, y la conquista de Huesca por ejemplo tardó 3 años y la de Bolea se alargó más de 70 años (no todos de sitio, claro)



Una vez conquistadas las plazas anheladas el valor estratégico de ambos castillos desaparecieron completamente y fueron reconvertidos en monasterios.

Toda esta historia me parece un magnífico escenario para aventuras, jugando tanto desde el bando atacante como defensivo en un escenario político similar sea en juegos históricos medievales o fantasía medieval. Este escenario permite a los jugadores participar en uno de los bandos e ir participando en multitud de misiones o aventuras como infiltrarse en la plaza enemiga para conseguir información, contactar con un espía o tratar de abrir las puertas durante un ataque. Realizar expediciones con diferentes objetivos: ataques al castillo sitiador durante su construcción, batidas de saqueo, defensa de siervos, ataque o defensa de suministros de uno u otro bando, detectar y atacar a refuerzos que se acerquen a la plaza enemiga, interceptar mensajeros antes de que puedan llegar a una ciudad aliada, etc.. Los jugadores también pueden participar en aventuras de corte diplomático tratando de conseguir apoyos de unos, neutralidad de otros, etc. en la lucha que se lleva a cabo (por qué me recuerda tanto a Juego de Tronos…). Y no olvidemos los posibles asaltos fallidos y el asedio final.


Todo esto mientras tratan de agradar al soberano a sabiendas que repartirá beneficios una vez se haya acabado el sitio, además de todas las aventuras habituales que nos puede ofrecer una zona fronteriza, además de posibles aventuras que decidan realizar los personajes durante permisos que les concediera el responsable de su plaza

Finalmente (y obviando la historia o no, una aventura dentro de un monasterio también puede ser interesante), el abandono y olvido de esos castillos ya inútiles una vez acabada su función también nos pueden ofrecer escenarios de partidas: se podría descubrir algún documento de un guerrero participante que escondió en cierto lugar algo de gran valor antes de dirigirse a una batalla a la que no sobrevivió o podrían acabar siendo ocupados por otros habitantes no deseados en un periodo posterior más caótico (de hecho Montearagón fue ocupado posteriormente durante una revuelta), etc..

Esto podría ser relativamente fácil de adaptar a juegos Sci-Fi en futuros donde predomine la guerra, como estaciones espaciales de asedio a planetas por ejemplo que necesitaran una energía excesiva para transportarlas una vez finalizada su construcción o que resultara demasiado dañada para gastar fondos en volver a ponerla operativa o simplemente que se hubiera quedado obsoleta ante nuevos avances tecnológicos.

Esta entrada ha sido posible gracias a viajar con una mirada rolera