13 noviembre 2012

Conan La Leyenda (2003)



Este blog no suele hacer reseñas, pero esta vez no me he podido resistir. Os voy a hablar de un cómic: Conan la Leyenda. Pese a todo lo relacionaré con los juegos de rol, claro.
Conan la Leyenda (2003) es una relativamente nueva aproximación del cómic al personaje clásico de Robert E. Howard. Al frente del proyecto se encuentra Kurt Busiek, uno de los mejores guionistas de comics modernos según mi opinión (Astro City, Marvels, Thunderbolts...),  Cary Nord ejerce de ilustrador de las historias adultas de Conan y Greg Ruth se encarga de plasmar con sus dibujos diversos episodios que van desde el nacimiento de Conan, pasando por su infancia y adolescencia hasta que abandona su tierra natal, Cimmeria. La colección consta de 51 números (del 0 al 50). En Estados Unidos lo  publica la editorial Dark Horse y en España lo edita  Planeta de Agostini Comics. 


El tratamiento del personaje es una involución total y directa del personaje que se nos presentaba en los comics de Marvel para acercarse lo más fielmente posible al creado por Howard. Para empezar se olvida por completo de las aventuras de Conan que publicó Marvel desde los años 70, brillantes para su época, pero que a medida que se cambiaban los guionistas acabaron siendo a veces delirantes y contradictorias, hasta la cancelación de todas sus líneas, e incluso se alejan de los relatos que utilizó el guionista de Conan por excelencia para Marvel Roy Thomas. Thomas se basó en los relatos de Howard modificados por De Camp y Busiek decide acudir a la fuente original.

Las historias presentadas en orden casi cronológico, siguiendo una cronología más moderna diferente a la de De Camp, empiezan desde que abandona Cimmeria, en dirección al norte, su visita a Hyperborea, y toda la etapa de su vida en la que ejerce de ladrón en Numalia, y Zamora. Todo ello se va salpicando con los episodios flashbacks que abarcan su vida anterior en Cimmeria. (culminados en la batalla de Venarium)

Busiek afronta el reto de forma magistral y consigue adaptar fielmente los relatos de Howard, sin un límite de páginas ni necesidad de concluir cada historia en un solo número. De esta manera consigue transmitir el carácter del personaje de las novelas al cómic, consiguiendo que el bárbaro sea un personaje que transmite su incomprensión de los valores y normas de la civilización contraponiéndolos a sus propios valores y creencias, y el posterior rechazo y desprecio hacia la civilización por decadente e hipócrita. Busiek, como Conan y como Howard, no es políticamente correcto y nos muestra a un Conan crudo, que puede matar a alguien por razones nimias para nuestros estándares, pero no para sus valores culturales, o darle un pescozón a un crío debido a un enfado. La fiel adaptación consigue que la historia fluya entre viñetas sin la necesidad de luchas constantes del protagonista, sino con diálogos, u escenas de otros personajes, algunos magníficos, como Demetrio, el jefe de la prefectura de Numalia en la adaptación, casi literal, del relato “El dios del cuenco”.

Portada dibujada por Greg Ruth
Pero el mayor logro de Busiek (y Howard) es como logra plasmar las aventuras del bárbaro con un tono realista a pesar de monstruos, dioses, y brujería. Busiek muestra la investigación criminal en una época pretérita, como es una sociedad totalmente decadente como la hyperborea, e incluso saca petróleo de oportunidades mínimas como para explicar como Conan puede llegar a vender lo que roba, elaborara una magnífica historia. Haciendo una analogía rolera: los cómics de Conan de los setenta serían como mis primeras partidas roleras munchkineras adolescentes mientras que el Conan actual son mis partidas actuales después de dos décadas de juego, donde se valora tanto una sesión de interacción social, como la coherencia del entorno y sobretodo un argumento sólido por encima de combates y recompensas.

El dibujo de la colección también es digno de elogio. Cary Nord consigue transmitir perfectamente emociones, atmósferas y el dinamismo de las escenas de acción con un dibujo colorista, dinámico y detallado. Greg Ruth, en cambio, plasma las historias de Cimmeria con dibujos con un trazado menos definido que evoca poderosamente recuerdos lejanos en la memoria y el uso generalizado de colores fríos y cielos blancos nos transmite una atmósfera de una tierra inhóspita y cruel como es la Cimmeria de Howard.

A parte de lo que he disfrutado con su lectura lo he encontrado altamente evocador e inspirador para conseguir material con que plasmar de una manera más realista mundos de fantasía a la hora de jugar a rol, una de mis últimas obsesiones. Ha caído en mis manos justo en el momento en que creamos un sandbox al que queremos dotar de ese realismo y coherencia como parece querer dar Busiek al mundo de Conan. La obra, además, creo que es indispensable para aquellos que desean jugar sus aventuras en la era Hyborea, que tras la lectura de los estos cómics resulta un entorno de juego mucho más atractivo. 

La lectura de los cómics nos ofrece unos modelos interesantes tanto para entornos, así como para  personajes huyendo de dimensiones planas tanto a la hora de plantear entornos realistas, situaciones o incluso aventuras enteras que pese a su sencillez y falta de gran épica pueden resultar muy interesantes y divertidas y encuentros interesantes así como de interpretar personajes, sobretodo bárbaros, que tienen una elevada tendencia al estereotipo, de manera que sean personajes polifacéticos y muestren sus conflictos morales e incomprensión ante las normas, a veces absurdas, a veces corrompidas, de las sociedades más civilizadas.

En fin, que os lo recomiendo muy encarecidamente, y que estoy convencido de que podéis sacar mujo jugo de su lectura para confeccionar vuestras propias narraciones.