27 noviembre 2012

Atención al jugador



La atención al jugador sería una tarea más del director de juego ya no dentro de la narración, sino en la gestión de la mesa de juego.
Un buen director debe tratar de observar la actitud de los jugadores (no personajes) y en caso de detectar que alguna cosa no acaba de funcionar del todo bien, abordarlo con el jugador  en cuestión, y tratar de superar los problemas o mejorar la situación.

Hay muchos aspectos sobre los que incidir: evolución de los personajes, satisfacción con la partida, satisfacción con el personaje, compromiso con la partida, compromiso con el grupo, motivación, actitud con el grupo etc.


En temas relacionados con el personaje del jugador: evolución, satisfacción, inmersión, el director puede tratar de orientar al jugador tanto dando su opinión como proporcionando fuentes que puedan servir de inspiración para definir mejor los aspectos del personaje a tratar. Es interesante ofrecer diferentes puntos de vista que puedan ayudar a definir mejor al personaje. Esta tarea cobra especial importancia en el caso de que un jugador no se sienta cómodo con el personaje que ha elegido, o se encuentre algo confundido sobre la mejor manera de llevarlo, en esos casos poder ofrecer alternativas cobra mucha más importancia para que el jugador encuentre su punto de confort con el personaje, o que se decida a abandonarlo y crear uno nuevo con el que se divierta más. A nivel personal a veces he recomendado cómics, libros, o películas que ayuden al jugador a definir su personaje.

En temas relacionados con los otros jugadores, las cosas son más complicadas. Cada mesa de juego es un grupo distinto con sus propias dinámicas internas y distintas relaciones: de interés común, amistad, relación de pareja, relación familiar, etc. Abordar ciertos temas puede ser complicado, pero eso no exime que los dejemos pasar. Con asertividad hay que hablar con un jugador en caso que detectemos actitudes mejorables, que no quiere decir que sean problemáticas.

A temas relacionados con la partida, ya se ha comentado la importancia de que exista una retroalimentación de opiniones entre jugadores y director, una vez acabada las sesiones. No es posible adaptar una partida a los gustos de todos sin conocer la opinión de los que juegan y como lo han vivido o como puede mejorarse.

Cuando hablamos de temas relacionados con compromiso con la partida, muchas veces encontramos diferentes opiniones. Es normal que en una mesa existan diferentes grados de compromiso y de expectativas y se tiene que encontrar el equilibrio para evitar problemas. Pero también es cierto que hay momentos en que un director tiene que plantarse (recomiendo leer el articulo de El Faterblog) o incluso presionar a algún jugador. Pese a que no suene demasiado bien “presionar a un jugador”, habrá veces que la presión ejercida sobre el jugador permita hacerlo reaccionar y despertar en el una reacción positiva para la partida, aunque no haya sido espontáneamente. Nunca es fácil, ni es agradable, pero igual que durante la partida un director a veces debe decir no a las peticiones de un jugador, hay momentos en que un director debe plantarse ante los jugadores si no cumplen lo mínimo exigido por el director. Personalmente he utilizado como forma de presión congelar la mejora del personaje del jugador hasta que no realizara el mínimo que exijo a mis jugadores, siempre tras algunas advertencias anteriores. Hay veces que esa presión incluso ha generado una reacción aun mejor de la que he pedido y la implicación del jugador ha aumentado mucho más de lo esperado llegándose a implicar más que la mayoría del resto de los jugadores.     

Aunque lo he llamado atención al jugador, y he hablado como si fuera una tarea del director de juego, muchas veces puede compartirse esta responsabilidad con el resto de la mesa de juego, de manera que se consiga una diversidad de opiniones que beneficie esa atención al jugador, y que a su vez la propia mesa de juego empiece a ver que la gestión de la propia mesa de juego, e incluso de la partida es una tarea común de la que todos somos responsables.