03 enero 2012

El papel del jugador II

Siguiendo con el post anterior: "El papel del jugador I", para mejorar la experiencia lúdica todo buen jugador debe ofrecer lo siguiente:

Conocimiento de las reglas: No conocer las reglas perjudica al ritmo narrativo, al producir preguntas, parones, dudas, induciendo a  errores de cálculo e incluso obligando a veces a rectificar una escena ya jugada. Si bien no se exige al  jugador que sepa las reglas del juego de manera exhaustiva si que es de agradecer que las conozca y sobretodo aquellas que más utilice él mismo, tanto para utilizarlas mejor, como para agilizar la partida y así ayudar a la narración.

Desarrollar su personaje: Los personajes no están tallados en piedra, evolucionan en función de las experiencias que tienen, tanto en habilidades y características como en su forma de pensar, sentir o  afrontar lo que se les viene encima. El jugador debe ir desarrollando su personaje en función de la narración.

Conocer el contexto: Igual que el jugador debe conocer a su personaje, se hace también necesario que conozca el contexto narrativo en el que se mueve. Cuanto mejor lo domine menos interrupciones en la narración para explicaciones o correcciones, además de que aumentan las posibilidades de acción y por tanto de mejorar la narración.

Participar de la narración: El papel del jugador no se limita a reaccionar ante los impulsos que le envía el director o otros jugadores. El jugador debe participar activamente en la narración de la partida, ampliando lo comentado por el director, tomando iniciativa narrativa, inventando dentro de la coherencia de la partida. Sin miedo, el director ya te cortará si es necesario. El jugador debe aprovechar esa posibilidad para incluir sus expectativas dentro de la narración.

Apoyar la narración: Durante el juego habrá múltiples situaciones que el jugador sepa que ha de evitar, o sepa que signifique algo, o como atajar para conseguir algún objetivo. Un buen jugador apoya la narración, a pesar de que perjudique a su personaje y al grupo en ese momento, siempre que la partida gane. “A veces dar rodeos te permite ver paisajes más bonitos”

 Favorecer un ambiente de juego apropiado: El jugador debe saber cual es el ambiente habitual que hace disfrutar al grupo. Cada grupo tiene el suyo propio, algunos más relajados, otros más concentrados. El jugador ha de adaptarse a ese ambiente y no distorsionarlo en el sentido que no favorezca la narración , llegando incluso al caso de exponer si no está de humor algún día para jugar la posibilidad de dejarlo para otro momento (sobretodo en el caso de personalidades más destructivas)

Exponer quejas y sugerencias: De la misma manera que el jugador puede aportar cosas en la narración, puede quejarse y proponer, dentro de la cortesía. Sus aportaciones deben ser con el objetivo de mejorar la narración, no de cosas individuales (que también, pero tienen menos importancia) Con educación y paciencia entre todos los jugadores se podrán dar cabida o explicaciones a lo que cualquier jugador tenga que decir.

Interpretar al personaje: Menos evidente de lo que parece, no meterte a ti mismo en la piel de otro, sino tratar de entender sus motivaciones, modus operando habituales, debilidades, virtudes y demás matices.

Todo esto contribuirá a mejorar la partida y por tanto los esfuerzos de cada jugador repercuten en el resto de compañeros de la mesa de juego, lo que hace importante que los propios jugadores traten de primar las motivaciones grupales anteponiéndolas a sus motivaciones individuales.