03 noviembre 2013

Día 3: Juego odiado

Me es difícil odiar y aún más un juego, así que realmente no odio ninguno....



Por otro lado, durante años, tuve mis prejuicios contra D&D, pecados de juventud supongo. Esa versión más joven e irreflexiva de mi que jugaba a Rolemaster, pensaba que si yo lo jugaba debía ser mejor que D&D, una soberana chorrada que se me pasó madurando. Pero incluso, así nunca tuve la oportunidad de jugar a D&D, simplemente no necesitábamos otro juego medieval.

Como en todos los grupos también hay juegos que no han calado para nada en nuestra mesa, y siendo yo uno de los directores de juego evidentemente por que no me han llamado la atención o se me han “cruzado” sobretodo tres:



Ars Mágica: No recuerdo mucho de él, ni se que edición cayó en mis manos, solo que al leerlo y ver páginas y páginas de defectos y virtudes para aburrir y tener que leerlas para crear un personaje me desanimó de probarlo. Algún día tengo que releerlo y darle una segunda oportunidad ....


Vampiro: Si bien el juego me gustó cuando lo leí (su primera edición) por su concepción y la innovación en el mundillo. No acabó de gustarnos demasiado la temática y nunca jugamos más que un par de partidas.



Pendragón: Lo siento, no puedo. Sé que el juego es bueno. Pero no soporto la versión artúrica de caballeros de brillante armadura,. Mi visión favorita del mito artúrico es la alta edad media, sucia, con una guerra de religiones de trasfondo, las leyendas celtas más crudas, y con motivaciones en diferentes tonos grises más que blanco y negro. No se si Keltia irá por ahí,espero que si.


Y como colofón final, hoy en día tampoco jugaría a ..... Rolemaster, y lo comento por que tengo colegas que siguen jugando. Si bien tiene un lugar en mi corazón, también me enseñó que es lo que no quiero volver a tener en una partida: tablas, calculadora, combates interminables, fichas orientadas prácticamente al combate... y sesiones mínimo de 4 o 5 horas. Lo siento, nunca más.